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La insoportable levedad del ser, por Daz Medrano

“Una novela no es una confesión del autor, sino una investigación sobre lo que es la vida humana dentro de la trampa en que se ha convertido el mundo.”

Ernesto Sábato escribió:”La vida es tan corta y el oficio de vivir tan difícil, que cuando uno empieza a aprenderlo, ya hay que morirse.” La frase recoge con cierto patetismo la perplejidad que invade al ser humano cuando se enfrenta a las decisiones que le dan forma a su vida y la proyectan hacia el futuro.

Pero es posible suponer que el narrador de “La insoportable levedad del ser” no estaría completamente de acuerdo con ella. Pues es el misterio de la existencia lo que se encuentra en el núcleo tumultuoso de su historia. El aprendizaje nunca es completo y no es capaz de ofrecernos garantías, ni siquiera al final de la vida.

Nos encontramos expuestos y vulnerables ante la libertad y la muerte. El tiempo pasa, y hemos de resolver qué hacer con él.

La obra, escrita por Kundera en 1982, es una novela total. Las historias de amor de sus protagonistas, marcadas por la infidelidad, son el telón de fondo sobre el que el narrador reflexiona acerca de los temas universales de la condición humana. La compleja relación entre el amor y el sexo, entre la libertad y el compromiso, las tensiones entre la crianza y la cultura, las decisiones de los padres y sus consecuencias en las vidas de los hijos. La diferencia entre lo que creemos ser y cómo somos percibidos por los otros, la vocación y el verdadero sentido de la vida, la tierra prometida que se muestra en el horizonte y con los años se acerca y se aleja, cambia y se transforma frente a nosotros como el espejismo de un sueño lejano.

“Por supuesto, hasta ahora no había sido consciente de ello: el objetivo hacia el cual se precipita el hombre queda siempre velado. La muchacha que desea casarse, desea algo totalmente desconocido para ella. El joven que persigue la gloria no sabe qué es la gloria. Aquello que otorga sentido a nuestra actuación es siempre algo totalmente desconocido para nosotros.”

En el descubrimiento de aquello que somos, de lo que hemos construido con nuestras decisiones, pero también de lo que recibimos del mundo, del azar, de la contingencia y de la voluntad de los otros, encontramos el paso del tiempo inexorable, irreversible, que transcurre siempre hacia adelante, cada vez más lejos del origen. El río nos conduce hacia la muerte, ajeno a los juegos de la mente y las pasiones del corazón.

La mortalidad es el único y verdadero destino del hombre. El ser, leve y etéreo, permanece en el frágil tejido de la memoria, reinventándose para engañar al olvido.

“Lo que sólo ocurre una vez es como si no ocurriera nunca. Si el hombre sólo puede vivir una vida es como si no viviera en absoluto.”

Aunque “La insoportable levedad del ser” es una novela llena de ideas y de filosofía, nunca se aleja de la tierra, de Praga y de Europa, de la rutina y la cotidianidad de sus personajes. Una cotidianidad aplastada por el brutal totalitarismo ruso que invade y reduce todos los espacios, que entra en las escuelas y en los hospitales, en las oficinas y en las casas, involucrándose en todos los órdenes de la vida, anulando los límites entre lo público y lo privado. Escucha conversaciones bajo las sábanas y patrulla los pensamientos en busca de la identidad y la diferencia, de la razón que se convierte en disidencia.

“Dado que casi todo el país estaba en contra del régimen de ocupación, los rusos tuvieron que buscar a personas nuevas entre la población checa y auparlas al poder. ¿Pero dónde iban a buscarlas si tanto la fe en el comunismo como el amor hacia Rusia habían muerto? Las buscaron entre quienes deseaban vengarse de la vida por algún motivo.”

A algunos les tocó amarse en medio del horror y el caos, buscan la verdad entre las fotografías, entre micrófonos y espías, protegiendo sus secretos de la humillación, resistiendo en el exilio, en el refugio que otorga el trabajo, en la complicidad de quienes se reconocen excluidos.

Cuando llega la despedida lo único que queda es lo vivido, iluminado por los colores de la nostalgia. Pero también lo que no fue, lo que quisiéramos cambiar y lo que se ha perdido. En ese espacio que se nos ofrece, el que existe entre la vida que queríamos y la que tuvimos, aún es posible encontrar la redención, una calma que vence el miedo y disuelve los rencores, en ella florece un sentimiento que puede llamarse felicidad. Amor fati, aunque no lo hayamos elegido.

“Parece como si existiera en el cerebro una región totalmente específica, que podría dominarse memoria poética y que registrara aquello que nos ha conmovido, encantado, que ha hecho hermosa nuestra vida. Desde que conoció a Teresa ninguna mujer tenía derecho a imprimir en esa parte del cerebro ni la más fugaz de las huellas.”

En 1988 Philip Kaufman realizó la adaptación cinematográfica de “La insoportable levedad del ser”, protagonizada por Daniel Day Lewis y Juliette Binoche. La película recibió varias nominaciones incluyendo los premios Bafta, Globo de Oro y Oscar. Milan Kundera estuvo involucrado como consultor en la cinta aunque no aparece en los créditos. A pesar de las críticas positivas, Kundera afirmó más tarde que la película no había capturado el espíritu de la historia ni de los personajes. Desde entonces no ha otorgado los derechos para que se realicen otras adaptaciones de sus novelas.

Aquí pueden ver el tráiler:

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Daz Medrano

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