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Series de TV: ¿innovación comercial o cine dosificado?

Domingo pasado en la noche y las redes sociales estaban explotando con comentarios sobre los premios Emmy. Creo que nunca había visto semejante atención a la entrega de premios por logros en la televisión. Inmediatamente, asocié la “fiebre” con una situación que he visto propagarse como un virus en los últimos años. El fanatismo por las series, hoy más activo que nunca; en medio de todo el desenfreno desmedido por la serie Breaking Bad (porque sí, admitamos que la locura por la serie es reciente), el culto curioso a Game of Thrones, y la espera interminable del estreno de Homeland, me he empezado a preguntar: ¿Cómo se inició todo esto?

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A pesar de que en Latinoamérica nunca tuvimos acceso a las cadenas directas de HBO, CBS, NBC, etc, nos encontramos ante el monstruo cibernético que supone la Internet y con ella viene la oportunidad de ver series de drama por doquier. Desde el estreno de 24, las cadenas de televisión han apostado por la fortaleza casi cinematográfica de propuestas en formato serie que sencillamente están bien diseñadas para: siempre dejarnos con ganas de más información, generar temporadas en cantidad proporcional a camadas de animales, y ganar nuestra confianza en el formato televisivo. Entre las precursoras de este movimiento podríamos nombrar a las más notables: Prison BreakLost, y House M.D. Todas llevadas a cabo con riesgo de perder ante lo mainstream y sorprender ante lo nuevo. Todas triunfaron. Y todas dieron por sentado que el movimiento no podía parar y debía explotarse al máximo.

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Pero una vez me pregunto: ¿Qué fue lo que pasó en ese momento que no había pasado antes? ¿Por qué la rotunda confianza en shows bien escritos? ¿Por qué no ocurrió lo mismo con E.R. si estaba tan bien escrita?

Podríamos decir que era un problema de acceso (antes en Internet no podías conseguir series como se consiguen ahora), pero un show como ese debió haber llamado la atención por lo bien hecho que estaba.

Sin embargo, creo que el fanatismo excesivo por las series de TV  viene por una fórmula escondida que contiene cada exceso de alta probabilidad de éxito: ¿En realidad estamos viendo una película muy larga?

Lo siento si con este comentario estoy ofendiendo a los grandes puristas del formato serie, pero no veo ningún argumento que me haga opinar lo contrario. Desde el polo narrativo hasta la puesta en escena. Desde el uso de estrellas cinematográficas para proyectar un show de TV, hasta la programación de estrenos de temporada en complejos de cine (sí, en Estados Unidos pasan series en el cine). Todo apunta a que el gran movimiento “Serie de TV” viene de un antecesor que ha perdido importancia en los últimos años: la gran pantalla.

Lo extraño de esto es que los fanáticos de estas series no ven cine porque les parece aburrido y poco original. Cuando una vez se me ocurrió decirle a un fanático de The Walking Dead que viera alguna película de George Romero, no sabía de quien le estaba hablando. Me sentí insultado. Otros ejemplos peores ni los describiré pero cuando alguien me dice “no pierdas tu tiempo, ve alguna serie en vez de ver películas aburridas”, siento que estoy perdiendo alguna batalla.

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¿Es el cine mejor que la TV? ¿Puede una serie ser mejor que una película? Es obvio que todo es posible cuando hablamos de escritores creativos.

Pero uno nunca debe olvidar sus raíces y donde vino todo. Y esta calidad que tanto se alaba de la series de TV, vino de un solo sitio: del séptimo arte y sus mejores expositores.

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Federico Furzan

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