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El VRock en busca del rock perdido

El rock venezolano ha estado siempre de la mano de los sectores medios de la población, en algunos casos más politizado, en otros, desarrollando discursos que tienen que ver con la cotidianidad amorosa, existencial, psicodélica y hasta jocosa. Desde una perspectiva marxista ortodoxa, tan de moda en Venezuela, el origen de clase del rock en nuestro país corresponde a la pequeña burguesía. Una manera simplista de ver las cosas.

A diferencia de décadas anteriores, cuando el corpo social se veía a través de la “comodidad” de las categorías y manuales de las utopías políticas, ahora el rock y el pop se vinculan con las identidades juveniles y se genera una nueva trama societal con las llamadas tribus urbanas. Estas se comienzan a estudiar no sobre presupuesto de utopías políticas y romanticismo caduco, sino en relación a texturas psicosociales, donde predomina lo afectivo y la búsqueda de la realización del yo, entre otras representaciones sociales. Por otro lado, no existe un solo rock, el rock es uno y múltiple. Esa diversidad se ve reflejada en desplazamientos a segmentos demográficos C y D. Datos de la Fundación Nuevas Bandas y acciones del Frente de Bandas Rebeldes o Union Rock Show nos confirman presencia de agrupaciones rock en barrios y crecimiento considerable de subgéneros como el ska, reggae, metal y punk en zona eminentemente populares.

En los últimos quince años el VRock se ha visto adormecimiento en cuanto a generar una cultura de resistencia, una forma de enfrentar lo establecido, de denunciar lo que está sucediendo. Por otro lado, sucede algo muy interesante como fenómeno sociológico y es que algunos grupos y artistas del campo del rock han decidió ser soporte discusivo del líder gobernante, del Estatus quo. Agrupaciones que desde una postura rock defienden el establishment, las injusticias y violaciones de derechos humanos. Esto podría ser llamado rock al servicio del poder. La historia generalmente se encarga de cobrar estas posturas.

El rock en sí mismo es una contradicción que se debate entre la contracultura y el mercado. Los artistas, al igual que toda la superestructura ideológica, se mueven al ritmo de los tiempos y los intereses en pugna. El VRock ha tenido sus altos y sus bajos en esto del compromiso social y definitivamente hace falta una nueva oleada de rock de denuncia, de rock combativo que agite un poco los cimientos de una sociedad dormida, afectada profundamente por procesos de ideologización, autoritarismo y populismo.

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Félix Allueva

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