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“La vida no es puta…si fuese puta sería fácil”

Coño, verga, puta , mierda, guebón, vaina, marico, ladilla, carajo, culo, joder, cabrón, pendejo. ¿Cuántas de estas palabras encuentran asilo dentro de nuestras canciones de amor? No sé ustedes, pero yo en un día cualquiera uso más “coño” que “labios carmesí”…bueno, al menos el “coño” en sentido metafórico. Por ejemplo: “¡no sé un coño!”, “¿cómo coño salimos de esto?”, “coño, sí”, “coño, no”, “¿cómo coño estás?”, “¿qué coño dijiste?”, “coño, que te vaya bien”. Y eso que “coño” es una palabra modesta en eso de abarcar muchos significados porque una vez que llegan “vaina” y “carajo” te das cuenta que podríamos comunicar hasta las realidades más abstractas usando sólo esas tres palabras.

Me niego a aceptar que mi preocupación responda únicamente a gimnasia y/o tortura mental, ¿por qué coño no hay más canciones con “coño”?

No estoy hablando de forma, estoy hablando de fondo. El arte se la pasa impregnando a la vida de hipérboles y expectativas que raras veces se cumplen pero, ¿de cuánta vida real se ha impregnado el arte en todos estos años? Si ni un “coño” se le escapa a ese pendejo, ¿habrá aprendido “él” algo de nosotros? ¿Quién se cree ese guebón? Nosotros somos sólo oídos para ese cabeza de huevo malagradecido, ¿acaso ese arte no caga?. Digo, un millón de carajos permaneció en el patio de sus enamoradas – y bajo la lluvia – dándole play a “Blue Eyes”, haciendo alfombras con rosas, regalando nombres de estrellas. Y a los diez años “bam!”, se enteran que el amor tiene mucho más de “verga, pon lo que te de la gana, gorda” en la tele que de “voy a regalarte la luna, mi ángel”. No estoy diciendo que el marico ese les deba una explicación pero, ya que se la pasa con la guitarra montada, ¡coño, una canción no caería mal!.

Bueno, un pendejo que sabe decirle a su mujer – siempre, repito: siempre – que se equivocó y sin que la caraja se arreche ni una vez, ¿acaso ese no es el tipo de carajo que nunca pierde las llaves del carro? ¡Y de bolas!, el arte no se enamora de la persona equivocada, el arte no se casa porque sí y ya , el arte no tiene hijos que joden 12 horas al día, el arte no se cala un trabajo de mierda con un jefe ladilla. El arte nunca ha dicho: “esto no es lo ideal pero, me sabe a mierda, sigo pa’ lante”. Ese marico está tan en su peo que ni se entera.

Amar no es un peo si vives en un muelle exótico a dos pasos de la playa, ahora aprender a amar sin el muellecito…coño, esa vaina sí que es tener una fuerza de voluntad arrecha. ¿Qué dices? ¡Ah! ¿Decir eso en canción no es nada romántico?, eso es debatible, compañero, no es que sea menos romántico el peo es que más difícil. Hace dos semanas oí a una chica decirle a su novio: “Víctor, hueles a mierda, pero te amo”, luego se de cagó de la risa y lo besó. Recapitulo: ese carajo olía a excremento humano… es decir: a bosta, a mojón, a pupú, a heces, a caca, a “bosque”; y aún así, esa jeva lo amó ese día muy por encima de esa vaina. No sé si mis nociones de lo que es romántico ya estén distorsionadas, pero que a Víctor lo amen por encima de su olor a mierda a mí me habla volúmenes del cariño que le tienen.

¿Y eso no se podría poner en canción? Sí, yo sé, está jodido hacerlo sonar bonito pero, ¿acaso el arte no es la fotografía máxima de la vida?, ¿la radiografía de las múltiples aristas y dimensiones de nuestra existencia que perdemos en la acelerada velocidad cotidiana?. De ser así, ¿por qué tan poca gente fotografía algo tan significativo como lo que le pasó a Víctor el día que olía a ñoña? Entiendo que de flojera hacer que vainas como cuidarle la pea a alguien suenen estéticamente excelsas pero, ¿un gesto tan noble como velar por alguien, que en ese momento no se puede cuidar por sí mismo, no merecería una canción bien escrita? Me frustra que a veces nos perdemos tanto en la forma que olvidamos el fondo. ¿Saben? Como concentrarse en las groserías que dice alguien en un escrito por encima de lo que está diciendo…cuando eso pasa, preferiría que las canciones me llamaran “pendejo” a que me trataran como a uno sin decírmelo a la cara.

-h.

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Henry D´Arthenay

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