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“¿Y ahora qué?”

La historia de cómo intenté escribir una columna hace 3 meses y terminé con 3 columnas a la mitad.

Son las 11 de la noche en lo que solía ser un antiguo matadero de cerdos en la ciudad de Madrid, e ironía y paradoja se revelan a mil personas cuando The Fall, la banda de culto que llevó la auto-parodia al extremo de titular a su disco de grandes éxito “50.000 fanáticos no pueden estar equivocados”, sube a tarima. Su entrada es parecida a lo que (en mi imaginación) sería la entrada de Clint Eastwood a una fiesta de primera comunión: no saludan, de hecho, ni miran al público; el volumen de la guitarra y el bajo es tan alto que los asistentes en primera fila dan dos pasos hacia atrás; y cuando Mark E. Smith –el “carismático” líder de 57 años vestido con gabardina negra- mira a la audiencia, lo hace con tal desprecio que se hace evidente por qué Sasha Free-Jones escribió en su momento para la revista New Yorker: “Sólo porque estás vivo hace bastante posible que Mark E. Smith ya te tenga rencor”. Y aún así, mil personas no podrían estar más emocionados de verlo actuar condescendientemente con ellos esa noche de verano en Madrid.

Ya va, esto no va a servir como columna. Primero, ¿a quién le interesa un concierto de The Fall en Madrid? Eso es el límite de lo pretencioso dentro de lo pretencioso. Segundo, ¿qué buscas probar, Henry? ¿Lo paradójica y masoquista que es relación del artista que, sin pretender ser complaciente, se convierte en “complaciente” al darle al público lo que efectivamente espera, es decir, lo que en un principio no esperaban? Bien hecho, diste como 10 vueltas a la misma cuadra y podrías haberlo hecho sin tener que darnos un coñazo de párrafo y medio. Además, ¿por qué en crónica? Nunca se te ha dado bien la crónica, ¡si apenas conoces a Capote! Espera a tener más pluma y luego lánzate a la piscina sin agua que es intentar ser cronista cuando se tiene tu mala memoria.

Segundo intento, aquí vamos…

El artista se dispone a elaborar su obra cuando de pronto un reportero entra a su estudio:

Reportero: Estamos a segundos que dé inicio el magno evento, cuéntenos, ¿cómo se siente estar de nuevo en la víspera de una nueva creación?

Artista: Pues, la verdad, bien. Digo, hace mucho que no me siento a escribir y me entusiasma mucho saber hasta dónde puedo llegar.

Reportero: Damas y caballeros, tal como lo escuchan el artista promete que su nueva obra será transgresora y desafiante de todos los límites conocidos por el hombre.

Artista: Bueno, espere un momento. Eso no es lo que yo quería decir, digo, saldrá lo que tenga que salir. De allá a que rompa límites, pues ni sé ni me interesa.

Reportero: Es decir, ¿le es indiferente el resultado?

Artista: ¡No, no! Es todo lo contrario uno siempre quiere hacer cosas que dejen una huella, pero no pienso sentenciar a la obra antes de que haya nacido.

Reportero: ¡Wow! Fascinante, no esperaba una declaración de tal magnitud a tan poco tiempo de iniciada esta conversación. Para todos ustedes que apenas están sintonizándonos, nuestro artista acaba de confesarnos que su ausencia del público se debía a la presión que sintió de entregar una obra con la que volviera a calar en las masas. Vulnerable y honesto, ¡bravo, maestro!.

Artista: ¿Qué? No, nada de eso. La razón por la que no había escrito nada nuevo era porque genuinamente no sentía que tenía algo qué decir, no iba a hacerle perder el tiempo a la gente.

Reportero: ¿Entonces todo lo que ha hecho hasta ahora ha sido una pérdida de tiempo? Bueno, todos podemos estar de acuerdo que decir eso es un poquito pedante. ¡Qué poco respeto al catálogo que le dio de comer!

Artista: ¡No, eso no es lo que quería decir!.

Detente, no lo estás logrando, Henry. A ver, cuéntanos, ¿qué quieres probar? ¿Lo agobiante que es, para cualquier persona “creativa”, tener que vender su obra a través de lo que dice de ella en una entrevista y no a través de la obra misma? ¿La paradoja de crear algo en soledad mientras se es observado? Ahórranoslo, ya se ha hecho antes y por gente con mucha más presión que la que tú has visto.

Artista: Totalmente de acuerdo con él, Henry. Es innecesario que me hagas pasar por esto para poder entregar tu columna. La idea no es buena, y se siente forzada. ¿Por qué no escribes cualquier cosa y ya?

Ya somos dos. Es que no entiendo el propósito de estos aeróbics mentales a los que te sometes cada vez que tienes que entregar algo. Es una verdadera pesadilla para nosotros.

Reportero: Y ni hablar de tu disquera, tu manager, el editor de Cochino Pop y cualquiera de las personas a las que haces pasar por estos viacrucis cada vez que tienes una fecha de entrega. Perdonen que me entrometa, chicos, pero es que no pude evitarlo.

Artista: No, no hay problema, usted también está involucrado en esto. Continúe.

Cualquier cosa antes que el ejercicio en arquitectura de nubes al que nos tenía sometidos el niño desde que comenzó esta “columna”.

Reportero: Es que – perdónenme la expresión- pero es que es la misma vaina que pasó con “Nuestra” y “Será”. ¿Por qué tienes que tardarte tanto cada vez que alguien te asoma una fecha límite? Anda, hombre, ¡háblanos! No podemos ayudarte si no nos hablas.

Bueno, tienen derecho a una explicación. Amo escribir, ya sea música o estas pequeñas columnas y, para ser completamente honesto, tampoco siento que sea malo en ninguna de las dos cosas. Digo, no soy un Gardel o un Cabrujas pero soy bastante feliz escribiendo y siento que soy lo suficientemente autocrítico como para no darme demasiadas palmadas en la espalda. Capaz mi problema radica en que siento que todas las personas que admiro nunca se han equivocado y, cada vez que tengo que confrontar la necesidad de hacer algo nuevo, tengo miedo que no sea espectacularmente mejor que lo anterior. No quiero morir sin haber dado una obra maestra.

Artista: Con todo respeto, Henry. Tienes que darte un margen de error, digo, ¿cuántas películas tiene Woody Allen?, ¿cuántos discos tiene Fela Kuti?, ¿cuántos discos tiene The Fall? La única manera que vas a poder crear una obra maestra es dándote espacio a crear cosas que no impliquen “vida o muerte” de vez en cuando.

¿Margen de error? ¿Hacer algo por el gusto de hacerlo? No va a poder, al menos no en ese tema. Si en algo ha sido un maestro en 25 años es en la neurosis y el control extremo de todo lo que hace.

Yo sé que es difícil creer en mi palabra a estas alturas, pero créanme, estoy intentándolo. Sé que es algo que me va a tomar tiempo y no espero lograrlo en el primer intento, pero genuinamente no quiero morir sin haber dado todo lo que tenía dentro de mí, incluso si parte de eso es meramente “competente”. Digo, tampoco quisiera hacer las cosas sólo por hacerlas, pero podríamos decir que esto es un buen primer paso en mi camino al desprendimiento, ¿por qué no habría de poder escribir una columna sin otro propósito más que el de escribir una columna?.

( h. )

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Henry D´Arthenay

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