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Jay-Z no es rapero y todos lo sabemos

El Washington Post hace una gran nota sobre el fenómeno ocurrido con el último trabajo de Jay-Z, “Magna Carta Holy Grail”, titulando el escrito: “Cuando los fanáticos son rebajados a clientes”, todo esto merodeando la estrategia/alianza escogida por el rapero de negocios con la marca Samsung para el lanzamiento del disco.

Sin desprestigiar lo dicho en la respetada publicación, no estoy del todo de acuerdo con el título. De hecho, no estoy de acuerdo para nada.

Vamos a comenzar por una simple premisa: un “fanático” es un cliente con otro nombre. En el siempre cambiante negocio de la música, entender esto es clave y el amor que puede sentir una persona por un artista X es exactamente igual al que un fanático de Apple siente por el nuevo iPhone, solo que los nuevos productos que ofrece un artista son discos.  Colocar al consumidor en calidad de cliente en forma despectiva, es completamente errado. Entendiendo esto, les echo el cuento de Jay-Z con Samsung.

Samsung le compró un millón de copias del nuevo disco del rapero y lo puso disponible para los usuarios en un APP, 5 días antes de su lanzamiento oficial, esto, al primer millón de personas que la descargara. A cambio de esto, Samsung, en forma de esta aplicación, pedía acceso a cierta información como redes sociales, llamadas telefónicas y localización del GPS. Sencillo como eso.

Muchos usuarios no estuvieron muy de acuerdo con esto ya que pretende ser un poco más invasivo de lo normal, pero como pueden ver en la foto de abajo, Jay-Z logró un disco de Platino por la venta del millón de copias. Lo absurdo, es que este número fue alcanzado antes del lanzamiento del disco en los caminos regulares.

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Todo muy lindo y lucrativo, pero en mi humilde opinión, Jay-Z es más empresario que rapero. Su música, fuera de “99 Problems” ha sido completamente ignorada en todos los rincones donde no se ondea una bandera de Estados Unidos y aún así, ha hecho que este disco, probablemente uno de los más mediocres de su carrera (según mi humilde criterio), sea producto de un ‘hype’ imposible de calcular o más bien, calculado en un disco platino.

Aunque los ‘beats’ y la producción sea impecable, es el disco más ‘show-off’ del rapero. Lo único de lo que habla es de todo lo que tiene, del dinero que gasta y de los lujos absurdos que goza. Entiendo que es parte del juego, pero el ‘nuevo-riquismo’ del rap terminó convirtiéndose más bien en una especie de élite adinerada que tiene el poder de hablar rápido. El rap y el hip hop Americano, en una parte muy influyente, ya no es de la calle. Los dos últimos lanzamientos del género, ‘Yeezus’ de Kanye West y este, se auto-proclaman Dioses y eso es absurdo. A Dios no le gusta el rap. Según el criterio terrenal, a Dios le gusta Creed.

Seguimos…

Tomando en cuenta las quejas sobre lo que tenían que hacer los fans para bajarse la aplicación, yo formulo este dilema: ¿Es la invasión de privacidad y sobre saturación de branding en el lanzamiento algo tan malo o lo verdaderamente cuestionable del asunto es la falta de calidad en el producto final?

Es completamente desbalanceado e injusto con el cliente, perdón… Fan.

El planteamiento del artista como tal está completamente diluído en el papel de agente de mercadeo y empresario, que está muy bien hasta que se compromete el producto al final de la linea. Jay-Z acaba de sufrir eso y por supuesto que no verá las consecuencias ahora, pero es algo que definitivamente le pesará en el futuro. Su credibilidad no será la misma.

En un ejemplo parecido pero no igual, Daft Punk estuvo por 3 meses hasta en la sopa, y aún así lograron dar la talla con uno de los mejores discos del año, le guste a quien le guste, estés harto de “Get Lucky”, o no. Se siente que el arte del dúo de robots estuvo por encima de su estrategia de mercadeo, o al menos los equipos están completamente separados y tomando decisiones en su área sin alterar al otro.

Crear esa sinergia entre artista y mercadeo es clave para lograr ser exitoso tanto en el contenido como en su promoción.

El mismo Jay-Z lo dijo alguna vez hace varios años, “No soy un hombre de negocios, soy un negocio” y está en lo correcto, pero como artista musical esto puede estar cargando un efecto boomerang que solo veremos cuando saque un nuevo trabajo.

Mientras esto pasa, voy a comprar condones de Daft Punk.

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Ignacio Redondo

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