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En Venezuela hay que hacer cola para todo, hasta para tener veinte años

Tiene que quedar algo claro en nuestra psiquis: nadie tiene la culpa de haber visto a Adolfo Cubas imitando a Justin Bieber. Eso sí, tenemos que perdonarnos. Ése es el contenido dominante de nuestra televisión y es posible que tengamos lo que merecemos.

A mí todo el Baby, Baby del actor, más que un acto ridículo, me parece una manifestación cultural de importancia, una estupidez que me ha dado respuestas sobre nuestro comportamiento social.

Sin intensidades, sin juicios de valor, a mí lo que me parece, muy a la ligera pero con gran lucidez, es que en Venezuela hay que hacer cola para todo, hasta para tener veinte años.

Porque hacer el ridículo, ofender a algunos y decir tonterías, es efectivo y paga, al menos por un tiempo.

Lo que no ha quedado claro para mis compatriotas del show business es que parte del encanto de estos les enfants terribles es que son jóvenes haciendo tonterías adolescentes, que el público retiene su atención esperando el momento de constricción y conversión. Juzgar y perdonar es parte del feedback necesario para sostenerles. Pero eso no va a funciona con Adolfo Cubas ni con Coquito ni con Daniel Sarcos. Si ves a Oscarcito negado a manifestar su postura política frente a su entrevistador repitiendo como su mejor argumento que “papi y mami” le enseñaron a no entrar en conflicto o algo así, dejas esperar cualquier cosa de ese señor simplemente porque es un tarajallo. Va más allá de la simpatía o gusto por el artista o “su obra”. Es un asunto de posición personal y coherencia en nuestros procesos de pensamiento.

¿Dónde está nuestra Demi Lovato  luchando con su desorden alimenticio? ¿Cuántos quisieran una Miley Cyrus, sus leggings, su venganza, más cercana? Nos han dado a Alicia Machado. Pero, ¿es lo que pedimos? No.

La tontería es necesaria en el espectáculo pero queremos que exista tiempo para lamentar la perdida de cordura y para revertir el daño. Queremos que nos mantengan informados de la novedad pero a nadie le importa el seguimiento ni hay respeto posible en estas versiones añejas. Cualquiera se va decepcionando.

Nadie se acuerda de Rosmery Marval y su ‘videos prohibidos’. Cuánto desamparo en nuestra doble moral, qué sentido del riesgo tan portugués. Este negocio no apuesta ni cien bolos y pone a payasear a sus marginados, no a sus objetos de deseo. Cualquier excepción es pura casualidad y accidente. El escándalo es un montaje, un chisme de edificio.

¿Qué valor o cuánta gracia genuina tiene la tontería tardía cuando todos sabemos que nos están engañando?

No solo nuestros desafiantes modelos de rebeldía juvenil contrasistema tienen más de treinta años, nuestras celebridades ridículas también, y eso no está divirtiendo a nadie.

Lo anterior ha sido subsanado. El morbo público tiene hambre y ya sabe dónde buscar. No lo nieguen. No luego de que gozaron con esos chamos que se fueron demasiado. Si quieren niños mal, busquen en Tumblr, en Twitter. El star system nacional no tiene nada para ustedes.

A mí Adolfo Cubas me cae bien. No los estoy chalequeando. Sin él no hay Cara Sucia y sin Cara Sucia mis referencias pop están mutiladas. El ensañamiento no nos ha dejado observar que el actor se tripeó su imitación. La proyección es obvia. Cubas desea escupir desde un balcón a sus fans, caerse a golpes con un súper modelo, ir a llevarle una serenata a su abuela tapándose el pene con su guitarra, que alguien le pida otro tuitcam. Quién sabe si tanto autoconocimiento nos devuelve esa risa perturbadora mientras ejecuta su coreografía.

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Nota de la autora:

Adolfo,  ¿qué tal una imitación de Fred Durst? Que (lo que) te pareces (es) burda.

adolfodurst

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Maily Sequera

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