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¡He visto el futuro y la cultura funciona!

Comprobado. No hay mejor antídoto contra la ideología que la cultura. El pasado sábado 13 de julio el Teatro Teresa Carreño se desvistió de rojo y dejó que la música de Los Colores, Americania y La Vida Boheme tomara el control. Por tres buenas horas este envidiable escenario caraqueño cumplió su función original.

Si quieren saber cómo estuvo show, les recomiendo que lean este artículo. Yo, sin embargo, quiero comentar lo que percibí más allá de las buenas sensaciones que pasaron sobre la tarima.

Fue inmensamente grato reencontrarme con el Teatro Teresa Carreño. Más años de los que puedo contar con una mano hacían desde mi última visita. La brutal y desproporcionada invasión ideológica desvirtuó su propósito, cambió los aplausos espontáneos por aplausos obligados y sustituyó cultura por militancia. Esto produjo mi inevitable alejamiento por la comprobada sub utilización de la que ha sido víctima el teatro.

Pero los años también han pasado para una ideología impuesta. Del “Líder Supremo” sólo queda el efecto post mortem de ícono pop-religioso y los eventos políticos se han desgastado más rápido que los nobles espacios del teatro. Esta realidad, al parecer, ha obligado a los responsables a buscar alternativas más allá de las afinidades ideológicas, usualmente aburridas e incómodas.

El pasado 13 de julio fui testigo presencial de cómo la cultura está recuperando los espacios que le arrebataron, algo que se logra con mayor facilidad cuando los eventos tienen calidad y convocatoria. La Vida Boheme casi logra llenar la Sala Ríos Reyna, tarea nada fácil pero evidentemente posible. Un público sediento de cultura colmó el teatro y sus alrededores, dejando en el camino dinero para la taquilla, para un estacionamiento desbordado en capacidad y para el pana “craquero” que te cuida el carro en la calle. Eso suena a socialismo lo suficiente.

Queda mucho por recorrer. Los espacios siguen amenazados y la ideología barata sigue creyendo que tiene control. Está bien que de vez en cuando los políticos puedan aprovecharse de las virtudes del Teresa Carreño, pero debe ser una inusual excepción a la música, el arte, la danza y el teatro.

Ahora sólo queda apoyar esta tendencia para que continúe y, más importante aún, que Nicolás Maduro no descubra la tarima giratoria de la Ríos Reyna, porque si la llegase a usar en cadena nacional, subiría vertiginosamente en popularidad.

La ideología se combate mejor con cultura. ¡He visto el futuro y funciona!

Fotografía por Eduardo Regalado.

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