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imagen ‘Clouds of Sils Maria’ Del Crepúsculo al Amanecer, por Sergio Monsalve (CRÍTICA)

‘Clouds of Sils Maria’ Del Crepúsculo al Amanecer, por Sergio Monsalve (CRÍTICA)

Más teatro que cine. Más cine que teatro. Películas que filman la dinámica y el vértigo del montaje de una obra dramatúrgica. Cámaras que posan su objetivo estático o cinético sobre las tablas. La relación de ambas expresiones artísticas es tan larga, fructífera y sostenida como el propio oficio de iniciar un rodaje en un set.

Ha sido un matrimonio con sus lunas de miel y de hiel. Directores odian y reniegan de la herencia de los telones que se abren y se cierran. Otros realizadores consiguen obras maestras, al ensamblar las mejores cualidades de los dos campos de la cultura escénica.
Hoy se vive un revival, una nueva edad dorada en la conjunción de los descendientes de Shakespeare y los sucesores de Welles.

Entre cualquier cantidad de ejemplos, lo certifican la Palma de Oro concedida a “Winter Sleep” y el Óscar a “Birdman”. Pero también los últimos empeños de Polanski(“Venus in Fur”), las clásicas adaptaciones de los musicales de Broadway(“Into The Woods”) y los experimentos de cámara de la generación del “hazlo tu mismo”.

En todos los casos, se percibe no sólo un aire de nostalgia, de vuelta al origen, sino un ánimo de sacudir los cimientos de las tablas y de los fundamentos del espectro audiovisual.

Este fantasma que recorre al mundo lo vemos proyectado en “Clouds of Sils Maria”, concebida por Olivier Assayas(“Carlos”), quien sigue ejercicio funciones de crítico pero de cara a la pantalla grande.

El filme cuenta con las actuaciones protagónicas de Juliette Binoche y Kristen Stewart, secundadas por Chloë Grace Moretz. Cada una interpreta un alter ego de su propia figura de estrella, participando de un juego de resonancias autoconscientes y metalingüísticas.
Como en un cuarto de espejos invertidos, quebrados y transparentes, las tres mujeres comparten la visión deconstructiva del autor, al desdoblarse en satíricas, reflexivas, caricaturescas y sensibles versiones de ellas mismas.

Binoche incorpora el arquetipo de la diva de las cuatro décadas, corrida en mil plazas y enfrentada a los demonios de su condición de veterana, amenazada por los criterios ortodoxos de la industria. A sus veinte, fue consagrada por el papel de una joven que debe lidiar con la sombra de una dama veinte años mayor que ella. A sus 40, los roles se invierten, y ahora Binoche se compromete a encarnar a la hembra madura, mientras Chloë Grace Moretz hace de su polo opuesto.

Así, le mesa queda servida para disfrutar de un choque generacional, donde la madurez y el punto de vista de dos chicas del milenio se confrontan, alrededor de un paisaje montañoso y turístico, que expresa diferentes estados de ánimo.

Luego del estupendo perfomance de “Still Alice”, Kristen Stewart sigue dejando atrás su casilla de vampira crepuscular, para revelarse como una joven dispuesta a aceptar y asumir retos de una envergadura diferente. Aquí destaca en el papel de la asistente de Binoche, desnudando las fragilidades de la primera actriz. Su vínculo es humano, comparten intimidades y secretos. Hay una atracción mutua, que permanece latente, que nunca explota.

No obstante, la tensión e incomunicación se respira en el ambiente de la relación profesional, quebrando y fracturando el clima de convivencia.

En el medio, “Clouds of Sils Maria” condensa sus nubes espesas, en forma de serpiente venenosa, por encima del mundo del espectáculo, el ego, el éxito efímero, las redes sociales, la inesperada virtud de la ignorancia de los ídolos emergentes, los blockbusters de Hollywood, el inevitable paso del tiempo, la corrosión del carácter, los ambientes vaporosos, glamorosos, hipsters, esnobistas y refinados de la vieja Europa. Un referente globalizado en su descentramiento, desencanto, ambivalencia, ombliguismo, banalidad y conflictividad.

Assayas no deja títere con cabeza y concluye con un final aun más ambiguo, incierto, enigmático y pesimista que el de “Birdman”.
Una suerte de réquiem por un sueño, de pesadilla con pequeños ecos de esperanza, en tres actos.

Y la naturaleza como único refugio, como único espacio de redención. Aunque la ecología tampoco termina por equilibrar la balanza existencial de los personajes de la historia.

De manera que somos testigos de un paseo en la tierra por el paraíso y el infierno de la fama, de la celebridad, cual “Maps To The Stars” de Cronenberg.

Fellinesca como “La Dolce Vita”.
Bergmaniana como “Persona”.

Puntaje: 9 puntos

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Sergio Monsalve

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