Reseña

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Cochinometro

Comedown Machine — The Strokes

Pepe Álvarez

No es fácil cambiar al mundo, y es imposible hacerlo cinco veces. La banda que una vez revolucionó la escena musical mundial lanzó su quinto LP y se titula, a modo autobiográfico: “Comedown Machine”.

Es natural no saber correr a la velocidad que te exige un mercado en el que todo es desechable, más aun si llevas en tu tus hombros el peso de lo que significaron tus dos primeros trabajos: “Is this it?” (2001)  salvó a una generación perdida en la mediocre pantalla de MTV, y “Room of fire” (2003) vino a contarnos que todo lo que habíamos oído era cierto: el mundo al fin despertaba de la terrible pesadilla que dejó la desaparición de Nirvana. Ninguno de sus dos siguientes trabajos llenó las expectativas de sus seguidores, todos nos conformamos con lo que teníamos y aceptamos esos discos por lo que eran: una ráfaga refrescante de los discos que nos marcaron.

Antes de publicar “Countdown machine” The Strokes dejó mostrar dos caras del disco completamente opuestas. La primera: “One way trigger” es una misión de Space invaders en ácido tras la incómoda manía de Julian Casablancas de cantar en una zona nada cercana a su registro vocal. La segunda: “All the time” mostró una cara mucho mas reconocible de la banda, un último suspiro antes de saltar.

Todo apuntaba a que el disco podía ser dirigido a cualquiera de esas dos direcciones, pero “Countdown Machine” no muestra sólo dos caras, muestra varias; es una ensalada de propuestas que da a pensar en la falta de química que sufre esta banda desde hace varios años. El disco brinda propuestas para múltiples gustos, los oídos mas pop se verán complacidos con “Tap out”, “One way trigger” o “Happy endings”; “Welcome to Japan” roza un funk-pop que no tiene desprecio; en lo personal resalto dos piezas: “50/50” y “Call it fate, call it karma” es un estilo que me gustaría verlos explorar en el futuro, si es que existe.

The Strokes puede estar buscando evolucionar y dejar de ser la banda de garaje por excelencia, en ese caso podemos ver el disco como una transición interesante y prometedora. Pero, si en el caso contrario, se trata de un experimento sin química ni comunicación me temo que estamos ante el último disco de la banda insignia de una generación.

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