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Las claves para entender las acusaciones de pedofilia en contra de Woody Allen

Cuando Woody Allen fue homenajeado por su carrera en la más reciente entrega de los Golden Globes, un gran debate se abrió paso entre medios comunicación y redes sociales sobre si era moralmente correcto o no otorgarle este premio tributo, no por negar su indudable talento y legado artístico, sino por aquellas acusaciones de pedofilia de las que fue víctima en 1993 por parte de su hija adoptiva Dylan Farrow, producto de su relación con la actriz Mia Farrow.

Ahora, tras la publicación de una carta abierta firmada por Dylan para el New York Times, la polémica que recae sobre Woody está más viva que nunca, llegando incluso a poner en tela de juicio el respeto que tenemos por el cineasta y sus creaciones.

Es por ello que hoy, en búsqueda de entender y analizar la situación, presentamos todas las claves para entender el caso.

El comienzo

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A mediados de los 80, Allen inició una relación sentimental con Mia Farrow, quien protagonizó varias de sus películas entre 1982 y 1992. Aunque nunca contrajeron matrimonio, sí adoptaron dos hijos: Dylan y Ronan Farrow. También tuvieron un hijo biológico, Satchel Farrow, a pesar que años después Mia declarara que “posiblemente” este podría ser hijo de su ex esposo, Frank Sinatra y no de Allen. Como podrán notar, una relación algo tumultuosa desde sus comienzos.

La pareja puso fin a su noviazgo en 1992 luego que Mia descubriera en posesión de Woody unas fotografías desnuda de su otra hija adoptiva, Soon-Yi Previn, la cual no fue adoptada legalmente por el director. De hecho, como ya todos saben, Allen y Previn se casaron en 1997, matrimonio que dura hasta el día de hoy.

En plena batalla legal sobre la custodia de sus hijos adoptivos, por allá en 1993, Farrow alegó que Allen había abusado sexualmente de su hija Dylan, que tenía apenas 7 años para la época. Sin embargo, los exámenes médicos e informes policiales del caso concluyeron que el cineasta no había abusado de la pequeña Dylan. No mostraba signos de violación y la única prueba tangible era un video que Mia Farrow filmó con la confesión de la niña.

De igual manera, Woody negó las acusaciones afirmando que todo era un invento y manipulación por parte de su ex pareja. El caso fue desechado y Allen siguió con su vida.

Vuelve la polémica

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El pasado enero, Allen fue reconocido con el premio honorífico Cecil B. DeMille que la Asociación de la Prensa Extranjera de Hollywood entrega durante los Golden Globes en reconocimiento a toda una trayectoria artística.

Durante la ceremonia, Mia Farrow y su hijo Ronan, no desaprovecharon la oportunidad revivir la polémica y sacar más punta a su tensa relación, utilizando Twitter como medio.

“Es la hora de agarrar un helado y cambiar a Girls”, escribió la actriz en su cuenta al momento del homenaje, mientras que Ronan fue mucho más radical, tuiteando un par de horas después: “Me he perdido el tributo a Woody Allen. ¿Han puesto antes o después de Annie Hall la parte en la que una mujer confesó públicamente que había abusado de ella a los 7 años?”. Acá los tuits:

 

 

Desde ese momento, volvieron las constantes críticas y cuestionamientos sobre la vida de Allen.

Carta abierta de Dylan

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El New York times publicó una carta abierta firmada por la presunta abusada, Dylan Farrow, hoy de 28 años. En el escrito, Dylan describe con detalles cómo fueron los abusos que le propinó su padre adoptivo durante años, la cantidad de transtornos que sufrió a causa de esto y el dolor que le produce el hecho que Allen no sólo esté libre y sin haber pagado por su hipotético crimen, sino también que sea constantemente celebrado y halagado por su vida artística.

Esta es la carta (su versión original, en inglés, en este enlace):

¿Qué película de Woody Allen es su favorita? Antes de responder, les contaré algo que deben saber: cuando yo tenía siete años, Woody Allen me cogió de la mano y me llevó a un ático sombrío, casi un armario, que había en la segunda planta de nuestra casa. Me dijo que me tumbara boca abajo y jugara con el tren eléctrico de mi hermano. Y entonces me agredió sexualmente. No dejó de hablar mientras tanto, de susurrar que era una buena niña y que aquello era un secreto entre los dos, de prometer que íbamos a ir a París y yo iba a ser una estrella en sus películas. Recuerdo mirar fijamente el tren, no perderlo de vista mientras daba vueltas por el ático. Todavía hoy, me resulta difícil contemplar trenes de juguete.

Desde que tengo memoria, mi padre siempre me había hecho cosas que no me gustaban. No me gustaba con cuánta frecuencia me apartaba de mi madre, mis hermanos y mis amigos para estar los dos a solas. No me gustaba que me metiera su dedo pulgar en la boca. No me gustaba tener que meterme en la cama con él, bajo las sábanas, cuando él estaba en calzoncillos. No me gustaba cuando colocaba la cabeza en mi regazo desnudo y respiraba hondo. Me escondía bajo las camas o me encerraba en el cuarto de baño para evitar esas situaciones, pero él siempre me encontraba. Ocurría tantas veces, como si tal cosa, ocultándoselo con tanta habilidad a una madre que me habría protegido si se hubiera enterado, que yo creía que era lo normal. Creía que así era como los padres mimaban a sus hijas. Sin embargo, lo que me hizo en el ático me pareció distinto. Ya no pude seguir guardando el secreto.

Cuando le pregunté a mi madre si su padre le había hecho a ella lo que me hacía Woody Allen a mí, no tenía sinceramente ni idea de cuál iba a ser la respuesta. Ni tampoco sabía la tormenta que iba a desencadenar. No sabía que mi padre iba a a utilizar su relación sexual con mi hermana para encubrir los abusos a los que me tenía sometida. No sabía que iba a acusar a mi madre de meterme la idea en la cabeza ni que iba a llamarla mentirosa por defenderme. No sabía que me iban a pedir que contara mi historia una y otra vez, a un médico detrás de otro, para presionarme y comprobar si reconocía que estaba mintiendo, dentro de una batalla legal que yo no podía entender de ninguna manera. En un momento dado, mi madre se sentó conmigo para decirme que que no me pasaría nada si estaba mintiendo, que podía retractarme de todo lo que había dicho. Pero no podía hacerlo, porque era todo verdad. Sin embargo, a una persona poderosa le es muy fácil entorpecer una acusación de abusos sexuales. Enseguida aparecieron expertos que impugnaron mi credibilidad. Médicos dispuestos a usar sus armas psicológicas contra una niña que había sufrido esos abusos.

Después de una vista para decidir la custodia en la que a mi padre se le negó el derecho de visita, mi madre decidió no presentar una demanda penal, pese a que el Estado de Connecticut había llegado a la conclusión de que había “causa probable”. Lo hizo, en palabras del fiscal, por la fragilidad de “la niña víctima”. Woody Allen no fue nunca condenado por ningún delito. El hecho de que hubiera salido indemne me atormentó durante mi infancia y adolescencia. Me sentía terriblemente culpable de pudiera seguir relacionándose con otras niñas. Me aterrorizaba que me tocaran otros hombres. Adquirí un trastorno alimentario. Empecé a cortarme con cuchillas. Y la tortura se agravó aún más por culpa de Hollywood. Todo el mundo, salvo unos pocos (que son mis héroes), hizo la vista gorda. A la mayoría de ellos les resultaba más fácil aceptar la ambigüedad, decir “quién sabe qué sucedió”, fingir que no había pasado nada. Los actores le elogiaban en las ceremonias de premios. Las cadenas de televisión le llevaban a sus programas. Los críticos hablaban de él en las revistas. Cada vez que veía el rostro de quien había abusado de mí –en un cartel, una camiseta, un televisor–, no podía más que disimular mi pánico hasta que encontraba un rincón en que estar a solas para desmoronarme.

Hace unos días, Woody Allen recibió una nueva nominación a un Oscar. Y esta vez, decidí no desmoronarme. Durante mucho tiempo, la aceptación de la que ha disfrutado me ha mantenido en silencio. Me parecía un reproche personal, como si los premios y los aplausos fueran una manera de decirme que me callara y me fuera. Pero varios supervivientes de abusos sexuales que se han puesto en contacto conmigo, para mostrarme su apoyo y compartir sus temores a dar la cara, a que les llamaran mentirosos, a que les dijeran que sus recuerdos no eran reales, me han dado un motivo para romper el silencio, aunque solo sea para que otros sepan que no tienen que permanecer callados.

Hoy me considero afortunada. Estoy felizmente casada. Cuento con el respaldo de mis maravillosos hermanos y hermanas. Tengo una madre que supo encontrar en su interior la fortaleza necesaria para salvarnos del caos que había introducido un depredador en nuestro hogar.

Sin embargo, sigue habiendo otras personas asustadas, vulnerables, que se esfuerzan para encontrar el valor que les permita decir la verdad. Y el mensaje que les transmite Hollywood es importante.

¿Y si hubiera sido tu hija, Cate Blanchett? ¿Louis CK? ¿Alec Baldwin? ¿Y si hubieras sido tú, Emma Stone? ¿O tú, Scarlett Johansson? Diane Keaton, tú me conociste cuando era niña. ¿Te has olvidado de mí?

Woody Allen es una prueba viviente de que nuestra sociedad no se porta bien con los supervivientes de abusos y agresiones sexuales.

Por eso, imagínense a su hija de siete años, imagínense que Woody Allen se la lleva al ático. Imagínense que, durante el resto de su vida, a esa niña le dan náuseas cada vez que oye el nombre de él. Imagínense un mundo que aplaude a su atormentador.

¿Se lo imaginan? Y ahora, ¿qué película de Woody Allen es su favorita?

Respuesta de Allen

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El NY Times también publicó el derecho a réplica de Allen, donde asegura en una larga carta que las acusaciones fueron inventadas y manipuladas para hacerlo quedar mal públicamente. Woody acusa a Farrow de ser “vengativa, rencorosa y malévola”. “Cuando Mia Farrow me acusó por abuso de menores hace 21 años, encontré la idea tan ridícula que ni siquiera volví a pensar en ello”, explica el autor.

“Por supuesto, no abusé de Dylan. La quise y espero que un día comprenda cómo se le ha desprovisto de un padre cariñoso y cómo ha sido explotada por una madre más interesada en su propia ira enconada que en el bienestar de su hija” sentencia Allen, y en respuesta a la carta publicada por Dylan, dice que incluye “florituras creativas que parecen haber aparecido mágicamente a lo largo de 21 años de distanciamiento”.

“Nadie quiere desanimar a las víctimas del abuso a hacerlo público, pero uno debe tener en cuenta que a veces hay personas que acusan falsamente, y eso es también algo terriblemente destructivo”, esboza al final de su carta.

Allen también se refirió a los continuos reportes de que Ronan Farrow podría ser hijo de Frank Sinatra y no suyo.

“Admito que se parece a Frank con sus ojos azules y sus rasgos faciales, y si es así, ¿qué quiere decir? ¿Qué durante el juicio por la custodia de los niños Mia mintió bajo juramento y falsamente presentó a Ronan como nuestro hijo?. Aún si no es el hijo de Frank, la posibilidad de que podría serlo tal y como ella señala, muestra que ella tenía una relación íntima con él mientras estábamos juntos. Sin mencionar todo el dinero que he pagado en manutención. ¿Estaba manteniendo al hijo de Frank?”, dijo Allen.

Toda la carta pueden leerla acá (INGLÉS REQUERIDO).

Soon-Yi Previn

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Sobre la relación de Allen con Soon-Yi Previn también han surgido con los años innumerables comentarios y críticas. A pesar que Woody no llegó a casarse con Mia Farrow y nunca fue el padrastro legal de Previn, su relación ha sido catalagoda como un tabú, considerando que sí era la hija legal de Farrow y por ende, hermanastra de los hijos adoptivos de Allen.

Sin embargo, al ser cuestionado sobre esto en una entrevista en 2011, Woody declaró: “¿Cuál es el escándalo? Me enamoré de esta chica y me casé con ella. Tenemos ya 15 años casados. No hay ningún escándalo.”

Cuando su relación comenzó, por 1991, Allen tenía 56 años y Previn 19. En otra entrevista Allen fue cuestionado sobre esta diferencia de edad, a lo que respondió: “El corazón quiere lo que quiere. No existe lógica para estas cosas. Conoces a alguien y te enamoras, y eso es todo”.

Tras su matrimonio en 1997, la pareja ha adoptado dos niñas: Bechet Dumaine (nacida en China en 1999) y Manzie Tio (nacida en Texas en el año 2000).

Respaldo del gremio

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A pesar de todas las acusaciones, han sido muchos los artistas que han mostrado su respaldo y respeto por Allen. Su amiga, musa y ex pareja Diane Keaton, no sólo recibió por el cineasta su premio honorífico en los Golden Globes, también ha dejado saber siempre su afecto por Allen. En sus memorias ‘Ahora y siempre’, la actriz confesó: “Echo de menos a Woody. Se estremecería si supiera cuánto le aprecio. Soy lo bastante lista para no sacar el tema. Sé que casi le repugnaría lo grotesco de mi afecto por él. ¿Qué le voy a hacer? Todavía le quiero”.

Otros colegas del cine y la industria del entretenimiento también han defendido a Allen, como la presentadora Barbara Walters, el comediante Louies C.K. y las actrices Cate Blanchett y Scarlett Johansson. Además, con el paso de los años Allen ha sido homenajeado en múltiples ocasiones por su extensa y premiada filmografía, ganándose el respeto de todo Hollywood.

La verdad, en su plenitud, probablemente nunca la conoceremos. Científicamente es imposible corroborar a estas alturas si el abuso sucedió o no, dejándonos sin pruebas tangibles y confiando sólo en uno de los dos bandos, que al parecer nunca darán su brazo a torcer. El mundo tendrá que hacer catarsis de lo sucedido y así analizar si es moralmente correcto o no el premiar, admirar o seguir la carrera de Allen, que a pesar de todo, es uno de los cineastas más influyentes -y excéntricos- de la historia.

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